Los Argentina Wine Bloggers, decidimos hacer una nueva movida: #MiPrimeraVez contando cada uno sus primeras experiencias con el vino.

Como ya les conté de #MiPrimeraVez con el vino en esta Nota de Rumbovino y les hablé de #MiPrimeraVez con un enólogo en este viejo Post de 2012, decidí en esta ocasión ir por un #MiPrimeraVez algo distinto pero que sin dudas marcó un antes y un después en mi relación con el vino.

Como bien dijo Vinarquía: “El vino de calidad no es solo beber vino, es como la vida y en la vida uno nunca deja de tener sus primeras veces”

El viaje

Salimos a las nueve en punto de Cachi. Nos esperaban para almorzar en la bodega, pero como teníamos que recorrer “tan sólo” 160 km hasta Cafayate jamás se nos ocurrió apurarnos.

¡Grave Error!

#MiPrimeraVez

A medida que avanzábamos la ruta se hacía más angosta complicada. Caminos de cornisa, badenes, piedras de todos los colores y tamaños, ríos (por suerte secos) y mucha arena le iban dificultando el paso al fiel Corsa que habíamos alquilado en Salta. Cuentan que en algún momento, en una recta llegamos a rozar los 40 km/h. Para mí es un mito.

Ya bien pasado el mediodía a los 5 nos quedó bien en claro que de ninguna manera íbamos a llegar al almuerzo. El desayuno había quedado lejos por lo que decidimos parar en Finca El Carmen a por unas empanadas. Descansamos una hora y continuamos rumbo a Cafayate. La señal de celular para avisar que veníamos retrasados se las debo.

La bodega

Llegamos a las 16:30, tan sólo 3 horas y media más tarde de lo previsto. En la bodega solo quedaba el encargado de seguridad que nos dijo: “Ya pensábamos que no iban a llegar nunca. El Sr. Juan (Luna) se tuvo que ir, pero dejó sus habitaciones preparadas y va a venir alguien más tarde para la cena. Siéntanse como en su casa.”  y sin más nos abrió la portón.

Entramos, la bodega en cuestión era Finca Quara. Una imponente estancia centenaria, con un jardín de ensueño y esas galerías interminables que se pierden en el horizonte Calchaquí. Estábamos solos, si completamente solos en la bodega. Quara y Cafayate habían decidido cumplirme el sueño del pibe.

No sólo iba a pasar por primera vez la noche en una bodega, la bodega era toda para mí!!!

Con algo de desconfianza nos ubicamos rápidamente en las habitaciones y salimos a recorrer. No tardamos mucho en encontrar un horno de barro, aún tibio. ¿Qué nos habríamos perdido por llegar tarde?. Atravesamos el comedor, una sala de estar, el jardín de invierno y llegamos a la cocina. Era enorme, con una larga mesada donde había 6 copas y frente a ella una heladera repleta de botellas de torrontés.

Ni hubo que preguntar, descorché una y salimos a caminar por los viñedos. Viñedos donde entre los cardones crecen los antiguos parrales que dan las uvas para elaborar ese mismo torrontés.

La noche

No se por cuánto tiempo estuvimos caminando contemplando el paisaje y sacando fotos, pero cuando regresamos encontramos la mesa puesta en la galería. Estaba soñando, había duendes escondidos en algún lado?

#MiPrimeraVez

De pronto, se oye el ruido de la puerta de la cocina y aparece la silueta de una mujer con una enorme fuente de empanadas. Se acerca y nos dice – “Hola, soy Silvia. Ví que ya se acomodaron en las habitaciones. Aquí les traje unas empanadas, mientras se calienta el cordero. Ya que no vinieron para el almuerzo, ahora lo pueden cenar. Vengan que les muestro donde están los vinos”.

La seguí a la cocina como hipnotizado. Seguía con ese con miedo a hacer algún gesto o ruido que me despertara del sueño. Silvia me mostró que además de la heladera que habíamos visto, había otra llena de vinos tintos. Me entregó un sacacorchos y pronunció las palabras mágicas “Siéntanse como en su casa y sírvanse lo que quieran, si necesitan algo más solo tienen que pedírmelo”.

Comimos empanadas hasta perder la cuenta, tiempo después me dí cuenta que eso es costumbre en Cafayate. Luego vino el cordero con verduras asadas y de postre quesillo con dulces y frutas secas. Tras lo cual Silvia se acercó una vez mas a la mesa “Buenas noches, yo vuelvo mañana para el desayuno. Ya saben dónde está todo, no?”, la saludamos y volvimos a mirarnos las caras, ninguno podía creerlo.

Felix 2007

Aún perplejos, nos sentamos en los sillones de la galería. Charlamos y bebimos, bebimos y charlamos por horas hasta bien pasada la medianoche.

Hasta que el cansancio del viaje y el alcohol hizo que mis amigos decidieran irse a descansar. Yo no podía, mejor dicho no quería. Temía que al despertar todo hubiera terminado.

Así que rellené mi copa con lo que quedaba del Félix 2007, único sobreviviente de la larga noche. Me descalcé y fui caminando hasta la pérgola ubicada en medio del parque.

Ahí bajo las estrellas. Con la luna de Cafayate dibujando siluetas en los cerros y el aroma de las damas de noche fundiéndose con los de mi copa de Félix, lloré de felicidad.

Y así fue que #MiPrimeraVez en Cafayate y pasando la noche en una bodega, no dormí!

 

#MiPrimeraVez